Un gobierno terminado con mucho daño por hacer

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El discurso del Presidente en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso explica a la perfección la decadencia por la que atraviesa la Argentina

Esta semana el Presidente de la Nación ha dado su discurso de apertura de un nuevo período las sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación ante diferentes representantes del arco político, sindical y judicial, entre otros. El discurso trajo consigo determinadas cuestiones que explican a la perfección la decadencia por la que atraviesa la Argentina.

Sin dudas, parte de la relevancia del discurso estuvo en las definiciones económicas (y en algunos casos, en la ausencia de ellas). El actual gobierno asumió con una inflación interanual del 53,4%, hoy ese número se acerca peligrosamente a las tres cifras. El último dato conocido en materia inflacionaria ha sido el correspondiente a enero que arrojó un incremento en los precios del 6% (bastante lejos de la meta del 4% mensual autoimpuesta por el oficialismo).

Más aún: desde su asunción el 10 de Diciembre de 2019 la inflación acumulada hasta hoy supera el 324%. Esto implica una dinámica inflacionaria que no se veía desde las épocas de hiperinflación a finales de los años 80. A pesar de la contundencia del fracaso, Alberto Fernández en sus más de dos horas de discurso no le ha dedicado más de una línea al flagelo inflacionario.

Seguramente el momento más dañino para la economía que viene haya sido el embate contra los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

El Presidente tampoco se refirió a la pobreza, lo que resulta de por si sumamente extraño en un país con 19 millones de pobres y 4 millones de indigentes.

Resultó sorprendente el momento exacto donde el Alberto Fernández hizo mención del “impuesto a la riqueza”, punto éste donde buena parte de los presentes estallaron exultantes en aplausos. Increíblemente buena parte de la dirigencia del país estaba festejando un aumento delirante de la presión impositiva, cambios sorpresivos en las reglas de juego y una nueva intromisión de la política en los derechos de propiedad. Poco parecen entender las causas de nuestra decadencia crónica.

Muchos de los datos que se entremezclaron en las palabras del Presidente resultaban llamativos. Muchas de los datos vertidos en el discurso concluían en comparaciones con el año 2021 (año en el cual todavía se estaba intentando normalizar la actividad luego de la pandemia). Otros fueron expresado con llamativa euforia: el Presidente hizo mención al record alcanzado en las exportaciones, sin tener en cuenta el incremento que sufrieron los precios internacionales de diferentes productos exportados que impactaron de lleno en el resultado exportador, a pesar de si haberlo tenido en cuenta cuando tuvo que explicar el incremento en los valores al momento de importar energía y el perjuicio que esto trajo aparejado en las arcas del BCRA.Los legisladores durante la inauguración anual de las sesiones ordinarias del  Congreso, cuando el presidente  Alberto Fernández se dirige a la Nación (AP Foto/Natacha Pisarenko)Los legisladores durante la inauguración anual de las sesiones ordinarias del Congreso, cuando el presidente Alberto Fernández se dirige a la Nación (AP Foto/Natacha Pisarenko)

El Presidente también se encargó de burlar a todos los jubilados que hoy ostentan un 60% del poder adquisitivo que tenían hace 20 años y que apenas logran comprar con su jubilación mínima 30 kilos de carne. Habló de los incrementos en los haberes que recibieron los pasivos sin siquiera detenerse en el detalle que los números que estaba compartiendo estaban mal: las jubilaciones no aumentaron un 107% como dijo, sino bastante menos. Omitió decir que éstas fueron incrementadas hasta los valores que expresó el primer mandatario gracias a bonos adicionales que se les ha otorgado, que solo siguen demostrando que ANSES es una gran caja de subsidios (muestra dada 24 horas antes del discurso cuando se aprobó la ley de moratoria jubilatoria, un nuevo paso hacia la destrucción total del sistema de reparto).

Seguramente el momento más dañino para la economía que viene haya sido el embate contra los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El Presidente de la Nación atacando a uno de los poderes de la república pone de manifiesto una herida más a las instituciones y a la división de poderes. Los países que han crecido y se han desarrollado lo han hecho en base a inversiones y desarrollo, variables estas que siempre tuvieron relación directa con la salud institucional de los diferentes países: esto implica un poder judicial independiente y el más absoluto respeto por la propiedad privada. El Presidente parece no entenderlo.

Seguramente lo peor está por delante: el discurso del Presidente solo ha dejado en claro que este es un gobierno terminado donde solo le queda mucho daño por hacer.

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