Una multitud hizo rebalsar esta tarde la Plaza de Mayo, pese a la frialdad del presidente, que festejará el Día de la Lealtad recién mañana, junto a la CGT. El ánimo reinante fluctuó entre el respaldo a la Rosada y los reclamos por un cambio de rumbo urgente.

La campana de la Catedral marcó las cinco de la tarde del domingo y la Plaza de Mayo pareció despertarse de su parsimonia. Del golpe, como si fuese un paso dentro de una coreografía, las columnas de los municipios, de la JP y de las distintas expresiones de la militancia kirchnerista de base apuraron la marcha y entraron todas juntas por Avenida de Mayo y Diagonal Sur, desplegándose lo más cerca posible de la Rosada. La gente de a pie, en su mayoría familias porteñas que esperaban hacía rato bajo el sol a que algo rompiera la inercia, se prendió por un rato a la fiesta de los cantitos, los bombos y las bengalas de humo. Hubo, entonces, 17 de octubre: la magnitud de la convocatoria desbordó las expectativas y confirmó que la movilización convocada hace más de un mes por Madres de Plaza de Mayo impregnó los cuerpos y la calle. El ánimo reinante, sin embargo, fluctuó entre la reivindicación histórica de la identidad peronista, las expresiones de lealtad a tono con la fecha y, también, en algo parecido al reproche con el rumbo del Gobierno y el pesimismo de cara a las elecciones, cada vez más cerca en el calendario. 

«Faltó decisión. Luchar más. Toda esta gente te da la pauta de que hay con qué. Hay que pisar más fuerte», resumió Claudia, vecina de Congreso, ante la consulta de Diagonales sobre el rumbo del Gobierno. Para ella, folklorista, peronista desde que vio «conmovida cómo Néstor bajaba el cuadro el Videla», «si no cambiamos ahora el rumbo, perdemos en 2023, y eso sería trágico para el pueblo». A su lado, Alfredo, su pareja y también músico, asentía. «Yo soy soldado de Cristina. Si ella lo pide, vuelvo a votar a Alberto. Pero estamos acá para hacer reivindicar nuestro voto. No hay que quedarse dormido». 

Esa misma idea conversaron Fabio y Ángela, ambos jubilados. Festejaron el día de la madre el sábado a la noche para cumplir con el llamado de las Madres y poder estar en la Plaza. Palito para la CGT mediante («el que quiere estar acá hoy está, no hay excusas»), le dijeron a este medio que «no podemos gobernar para Magnetto». Ángel es correntino de nacimiento; Ángela fue y vino de España de la mano de sus padres hasta que se quedó en Mataderos, donde ambos eligieron vivir juntos, ya de grandes. Para ella, «votar en los 90 era en pedo» y recién hizo valer su derecho como parte del padrón «cuando Cristina fue por primera vez como presidenta». «Más kuka no se consigue», bromeó. «Estamos preocupados -dijo ella-. Nosotros como jubilados apenas nos alcanza, así que entendemos lo que pasó en las elecciones. Estamos acá también para protestar un poco, porque no es lo que votamos. De todos modos, enfrente está el enemigo y frente a la derecha de acá no nos movemos». 

Antes de las seis, Hebe de Bonafini tomó la palabra desde el escenario artesanal montado sobre un container, como es tradición de las madres, cuya camioneta se estacionó sobre la entrada de la Plaza, frente al Cabildo. Y habló sin pelos en la lengua, otra costumbre. “Este acto es el inicio de una lucha hasta que consigamos no pagar la deuda”. Y agregó: “Hoy empezamos. Que lo sepa el Presidente”, dijo. “Nos da mucha tristeza porque usted siempre se junta con los ricos, con IDEA, con los grandes empresarios, pero a nosotros no nos escucha ni nos mira”. Los aplausos que despertó son un síntoma de las contradicciones en que está sumido el Frente de Todos. 

En la previa, el Gobierno intentó de todas las formas posibles desalentar la marcha, con la idea de darle centralidad al Presidente el lunes 18, abrazado por la CGT y los movimientos sociales. Los planes cambiaron cerca de la fecha y Fernández terminó cediendo con una carta difundida el jueves en que ratificaba ambas convocatorias. La división entre ambos sectores (las bases que siguen fielmente a Cristina y el peronismo más tradicional mas el Movimiento Evita y satélites, que cierra filas detrás de Alberto) quedó expuesta a cielo abierto. 

De hecho, se especuló durante todo el día con un mensaje de agradecimiento del Presidente, que nunca llegó. La frialdad oficial con la movilización resaltó aún más su carácter reivindicativo, de contenido más parecido a lo expresado por Cristina en su carta de hace un mes que con el tono con que Fernández decidió encarar el tramo entre las PASO y las generales. 

Enseguida, desde el búnker de las Madres se reivindicó al ex ministro de economía de CFK Amado Boudou como «preso político de Macri» y se le dio el micrófono, que utilizó para denostar al gobierno anterior por la deuda y reivindicar su identidad peronista. En el otro extremo de la Plaza, sobre la Catedral, casi en simultáneo pisaba la concentración el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, ovacionado y hasta llevado en andas por una multitud. Otros dirigentes que se acercaron a saludar fueron el candidato porteño del oficialismo, Leandro Santoro, el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, y el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza. 

La Cámpora decidió no movilizar, al menos orgánicamente. Hubo banderas de varios de sus aliados, desde el Peronismo Militante a Unidos y Organizados y el imperecedero Resistiendo con Aguante. Se alistaron Barrios de Pie, la Corriente Peronista 13 de abril, Los Irrompibles y Nuevo Encuentro, entre otros. Los no encolumnados, de todos modos, fueron la abrumadora mayoría.   

«Vamos a perder, lastimosamente. Porque este pueblo está manipulado por los medios y no tiene memoria», decía otra voz, la de Débora, vecina de San Telmo, que se alista a todas las marchas. Cerca suyo, Fernando y Camila, una pareja joven militante de base, bromeaban con las idas y vueltas de la marcha en comparación con las idas y vueltas del Gobierno sobre temas diversos, desde Vicentin hasta la reforma judicial. «La pandemia ya fue, hay que cambiar el chip y enfocarse en las necesidades de la gente. Coincido con Hebe en que a la gente le cuesta llegar a fin de mes y así no va. Si no profundizamos, vamos a perder», dijo él, asustado «por un posible gobierno de Larreta, una derecha más inteligente que Macri» a partir de 2023.

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