Los directores fuertes del Fondo le exigen más ajuste fiscal, definiciones cambiarias y un plan económico de verdad. Acá, el kirchnerismo quiere su cabeza por el ajuste que implementará desde enero y, de paso, sacarse en de encima a un hombre clave para Alberto Fernández.

Cuesta entender qué quiere decir o, mejor, adónde apunta Martín Guzmán cuando afirma lo que afirmó sobre el estado de las negociaciones con el Fondo Monetario, en una entrevista con el diario El País de España. Parece un relato kirchnerista típico, o lo que él llamaría sarasa. La declaración del ministro de Economía plantea que “con el staff ha habido entendimientos profundos”. Pero no sólo eso.

También afirmó que con los accionistas del FMI “la comprensión no se ha dado a la velocidad que sería deseable para tener ya un acuerdo”. Raro: según Guzmán, el acuerdo está a tiro y si no se ha firmado aún y se dilata es por culpa de algunos directores que representan a países que pisan fuerte en el Fondo. Luce inevitable, además, que los costos de la turbulencia vayan a su cuenta o a la del Gobierno, no a la de directores del FMI que ni siquiera ha identificado.

Un dato, en el directorio del Fondo, que finalmente manda en las decisiones, los más duros son los representantes de Alemania y de Holanda. Y sus reclamos anclan, justamente, en un ajuste fiscal que pueda ser considerado verdaderamente sólido y ser, entre otras igualmente fuertes, una garantía de repago de la deuda de USD 45.000 millones que la Argentina mantiene con el organismo. Obvio, uno mayor al que pretende Guzmán.

Para colmo, el Gobierno parece ahora sí decidido a enfilar el barco rumbo a un acuerdo con el Fondo Monetario. Y a cortarla con la estrategia del zigzag permanente, mas no con el relato permanente. De eso tratan los aumentos anunciados para las tarifas de la electricidad y del gas y el guadañazo que caerá sobre los subsidios monumentales que, durante dos años, sostuvieron un congelamiento ya insostenible.

En esta versión K, los energéticos acumulan el equivalente a unos USD 15.700 millones. Y de eso trata, también, el incremento de la presión impositiva que viene bajo el paraguas del llamado consenso fiscal con las provincias, una manera de compartir costos políticos que es, a la vez, un intento de licuar costos políticos. Allí entran Ingresos Brutos, patentes, los inmobiliarios y sellos; la Herencia, Bienes Personales y un toque a las retenciones.

Es por ello que el kirchnerismo más duro, La Cámpora, con Máximo Kirchner a la cabeza, quieren matar al ministro, matarlo políticamente, claro está. Y mientras el acuerdo con el FMI se cocina a los tumbos y sin un camino definido, el mercado cambiario se mueve a su compás y al compás de la incertidumbre. En ese escenario, la demanda de pesos cae por razones estacionales y crece la de dólares, justo cuando la negociación con el Fondo ingresa en la fase más dura.

máximo kirchner 3
Máximo Kirchner

Vale insistir en un dato: los primeros contactos entre Guzmán y el staff de los “entendimientos profundos” fueron en febrero de 2020, esto es, de hace un año y diez meses. Todo ese tiempo perdido no hizo más que generar una demora que derivará en un ajuste todavía más fuerte. Y todo porque Guzmán quiso cumplirle al capricho a Cristina Kirchner de no ajustar en un año eleccionario. La misma que ahora pide por su cabeza en charola de plata.

Entrada anterior Mariano Macri les mandó cartas documento a sus familiares para que dejen de vaciar SOCMA
Entrada siguiente Diputada macrista intentó chicanear al Gobierno por los cortes de luz y la liquidaron