El ex jefe de bloque debe definir si compite. También suenan un ministro y gobernador.

La reciente renuncia de Máximo Carlos Kirchner a la titularidad del bloque de diputados nacionales del Frente de Todos desnudó, crudamente, que en el peronismo ya se empiezan a mover las piezas para posicionarse ante la pelea presidencial del año 2023.

El hijo de Cristina Kirchner no quiere quedar “pegado” a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que perjudique el perfil de su agrupación, La Cámpora, con medidas vinculadas a un “ajuste” que deberá encarar la administración de Alberto Ángel Fernández, sometido a las revisiones trimestrales del Fondo.

Nobleza obliga, también en la Casa Rosada había vuelto a conversarse -tras el anuncio de un entendimiento con el FMI- sobre la posibilidad de la reelección del actual jefe de Estado: el manejo de la pandemia había golpeado con dureza al “albertismo” y la posibilidad de encaminar el conflicto por el pago de la deuda con el organismo internacional posibilitaba a los seguidores del Presidente a soñar con la posibilidad de su propio “Segundo tiempo”, como también imaginaron los adeptos de Mauricio Macri cuando publicó un libro sobre su mandato presidencial.

Alberto Fernández en la Residencia de Olivos en una reunión con gobernadores; el jefe de Gabinete, Juan Manzur y el ministro del Interior, Eduardo de Pedro

En un acto realizado a los pocos días de la derrota electoral del oficialismo del año pasado, Alberto Fernández anunció que para 2023 habría PASO en el peronismo, un modo de habilitar el juego político de todas y todos pero además, de subsanar los posibles roces en la órbita kirchnerista a la hora de tener que cerrar listas.

Esa posibilidad de PASO es la que menean los albertistas hoy para decir que su jefe tendrá derecho a ir por un mandato más y que quien quiera competir, tiene derecho y solo le quedará inscribirse y participar de una compulsa. Habrá que ver qué harán los gobernadores peronistas, que hacen del amague un culto y que nunca se terminan de atrever a desafiar a Cristina Kirchner y los suyos. ¿Pondrán un candidato propio o apoyarán a Alberto? Juan Manzur explora todas las posibilidades de ese asunto.

Rombo

Con Cristina y Máximo en un momento de extrema tensión con Alberto, una idea es manejada por algunos dirigentes como modo de resolver los entuertos electorales por venir: un rombo como metodología para ordenar al peronismo.

Esa figura geométrica de cuatro lados iguales que no forman ángulos rectos determinaría lo siguiente: en la cabeza de este paralelogramo estaría la competencia presidencial, con Alberto y alguna figura definida por el Instituto Patria. Resta saber qué definirá Sergio Tomás Massa para el próximo turno: si competirá por su lado o si apuesta a terminar siendo “el elegido” de los Kirchner. Máximo mantiene confiabilidad en su compañero de ruta en Diputados pero la vicepresidenta lo sigue incluyendo en el campo de la desconfianza, donde deposita a la mayoría de los mortales.

Risas entre Máximo Kirchner, Sergio Massa y Wado de Pedro.

En ese rombo, para la pelea por las gobernaciones no habría competencia: los caciques provinciales definirían su reelección o la elección de sus delfines sin recibir oposición alguna. Así, habría paz para los gobernadores en su categoría, sí teniendo que negociar con el kirchnerismo por los espacios en las listas de diputados, senadores y legisladores provinciales.

Y en la parte baja, donde se definen intendentes, habría competencia abierta. Los jefes comunales enfrentarían así Primarias, muchas de esas con La Cámpora, agrupación al abordaje de capturar más distritos con ojo preferencial en la provincia de Buenos Aires.

Ese “rombo” le permitiría a Alberto Fernández tener la chance de pelear por un turno más (teniendo rival o rivales para encabezar la lista presidencial); garantizaría acuerdos de serenidad para los gobernadores (sin internas) y abriría una competencia en las intendencias con el Norte de que esa movilización de militantes y votantes sería la garantía para enfrentar a Juntos por el Cambio, que en la última elección parlamentaria, venció en la provincia de Buenos Aires, con Diego Santilli y Facundo Manes a la cabeza.

Para este “quiz” electoral, ya circulan algunos nombres. Habrá que ver si La Cámpora define un candidato propio: Máximo Kirchner se diferenció con el tema del FMI pero eso no define si es para ser “el” candidato del espacio K.

Otro nombre propio de ese sector es el de Wado De Pedro, quien subió su perfil en los últimos tiempos y que camina por el país, visitando gobernadores o mostrándose “cercano” a funcionarios nacionales como Gabriel Katopodis y Juanchi Zabaleta.

La entonces presidenta Cristina Kirchner junto a Jorge Capitanich, en mayo de 2015. Foto Presidencia.

Un nombre que surge desde el Instituto Patria es el de Jorge Milton Capitanich. “Coqui” es valorado por Cristina Kirchner y en el cristinismo, el chaqueño es considerado un “soldado” de las decisiones de la ex Presidenta.

Hoy, es una incógnita qué hará Axel Kicillof; en su cercanía se habla de ir por un turno más en la gobernación bonaerense pero las dudas están en si Cristina mantiene su consideración intacta con el economista o si el propio Máximo no piensa ya en ocupar la poltrona principal de La Plata. De esa discusión también participa Massa, quien no descuida el territorio bonaerense como base de su proyecto político.

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