El directorio del Fondo Monetario Internacional finalmente ayer aprobó el acuerdo de Facilidades Extendidas con la Argentina, por la cual le otorgará un crédito por 44.000 millones de dólares que se utilizará casi en su totalidad para pagarle al mismo organismo la deuda que se contrajo durante el Gobierno de Macri.

Como es habitual, el organismo financiero emitió un comunicado (statement) con una fraseología típica del FMI, donde deja constancia la fragilidad del acuerdo entre la Argentina y el organismo, y avisa que podría tener que revisarse mucho antes de lo pautado.

Lo que no dice, pero está implícito, en que ante un eventual incumplimiento de la Argentina, el organismo inmediatamente considerará interrumpido el acuerdo y dejará de enviar los fondos. Lo hizo con el gobierno de Fernando de la Rúa, poco antes de la trágica semana de diciembre y también lo hizo con el propio Mauricio Macri a fines del 2019, cuando era evidente que la Argentina no iba a cumplir e interrumpió los siguientes desembolsos.

“Riesgos excepcionalmente altos”

“Los riesgos son excepcionalmente altos y derivaciones de la guerra en Ucrania se están materializando. En este contexto, temprana recalibración del programa, incluyendo la identificación y adopción de medidas apropiadas serán críticos para alcanzar los objetivos”, señaló la titular del FMI, Kirstalina Georgieva, en el comunicado anunciando la aprobación del acuerdo.

En otras palabras, la jefa del FMI está diciendo que el programa tiene buenas chances de no cumplirse, haciendo que nuevamente todo caiga en saco roto y la Argentina vuelva a estar cerca de entrar en default con el organismo. ¿Por qué? Porque si la Argentina no cumple con las metas, el FMI le dejará de enviar el dinero, que a su vez necesita el país para pagarle al mismo FMI.

Cómo describió la situación Argentina la titular del FMI

Georgieva también declaró que “si bien está en marcha una recuperación económica y del empleo, Argentina continúa enfrentando desafíos económicos y sociales excepcionales, que incluyen un ingreso per cápita deprimido, niveles elevados de pobreza, inflación alta persistente, una pesada carga de deuda y bajos amortiguadores externos”.

En este contexto, el programa económico de las autoridades argentinas “establece objetivos pragmáticos y realistas, junto con políticas creíbles para fortalecer la estabilidad macroeconómica y comenzar a abordar los desafíos profundamente arraigados de Argentina”, aseguró.

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