En enero del 2020, su hija Josefina comenzó a cobrar un salario de 154 mil pesos en el departamento judicial de Lomas de Zamora. Lejos de la lucha piquetera, o no tanto, la hija del líder del Partido Obrero se muestra en Grecia y el Caribe, disfrutando de la buena vida.

El piquetero y líder del Partido Obrero, Eduardo Belliboni, goza de una bochornosa celebridad desde se supo que, a pesar de las declamaciones sociales y los dogmas que repite hasta el hartazgo en entrevistas periodísticas, cobra un jugoso salario como asesor en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

“Nunca trabajé en el estado, no fui funcionario ni tuve cargos”, aseguró Belliboni tan sólo unas pocas horas antes de que se conozca la investigación de REALPOLITIK, en la que se contrastaron sus palabras con datos registrados en la ANSES: hace al menos ocho años que percibe contratos en el estado.

Sin embargo, no es el conocido piquetero el único de su familia cobrando envidiables salarios en la actividad pública. A poco más de un mes de asumir Alberto Fernández, de la mano de Cristina Fernández de Kirchner, y Axel KicillofBelliboni se cobró otro favor ingresando a su hija Josefina en la administración pública.

En efecto, en enero del 2020 Josefina Belliboni ingresó al poder judicial de la provincia de Buenos Aires, con un jugoso salario de 154.166 pesos. La hija de Belliboni, nacida en 1984, actualmente se desempeña en el departamento judicial de Lomas de Zamora, donde a pocas semanas de asumir comenzó a militar en la agrupación Judiciales Independientes.

Como su padre, Josefina levanta las banderas socialistas, pega carteles, afiches y vocifera máximas morales en las que asegura trabajar por los derechos de los ignorados. Al mismo tiempo, claro está, que cobra un oneroso sueldo en la administración pública.

La hija de Eduardo Belliboni goza de la buena vida, como su padre. En las redes sociales se muestra descansando del ajetreo de la lucha por la patria socialista en distintos destinos de Europa, en donde no perdió oportunidad de visitar sitios históricos en Grecia y relajarse en cristalinas aguas rodeada de palmeras silvestres.

A cada paso, con cada investigación periodística que se inicia, la imagen de Belliboni y el relato del abnegado luchador por los derechos de los trabajadores se desdibujan en un borroso retrato familiar atravesado por contratos en el estado, sueldos abultados, lujos, viajes y tragos exóticos junto al mar.

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