La pelea de fondo está cantada. No hay espacio para la moderación. Cálculos para dejar afuera a Milei.

Macri está cada vez más lanzado. Por eso, comienza a desentenderse de la suerte del radicalismo en Juntos por el Cambio y trata de ocuparse de que Javier Milei no le coma un pedazo del electorado que considera propio. Es un juego riesgoso el de privilegiar su credo a la unidad. Vuelve al mismo equivocado enfoque de su Presidencia de encerrarse con sus leales, abriéndole solo las puertas a presencias simbólicas, como sería la del senador radical Alfredo Cornejo.

Ya se está hablando de una fórmula Macri-Cornejo y también se están escuchando advertencias sobre el significado de esta movida. Otros radicales más veteranos aseguran que es solo pirotecnia y que Cornejo terminará siendo de nuevo candidato a gobernador de Mendoza. La posición de Macri es que no hay que ayudar al Gobierno a enmendar errores sino no entorpecerlo en ese afán.

Lo intentó cuando auspiciaba el voto negativo al acuerdo con el FMI, pero entonces no estaba decidido de volver a ser candidato como parece estarlo ahora. La crisis, para Macri, es una ventana de oportunidades porque le permitiría ascender la empinada ladera de su imagen negativa en las encuestas. Calcula que Patricia Bullrich no tendrá agallas para enfrentarlo y que, en definitiva, la timidez de Larreta le jugará a favor y terminará rendido a sus pies.

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Cuando arrecian los ataques de Macri a los radicales, Larreta se mostrará junto a los seguidores de Alem e Yrigoyen, quienes están decididos a encolumnarse detrás de la candidatura de Facundo Manes. La crisis de representación parió a Milei. Esta irrupción está modificando estrategias y pronósticos, y dando espacio a especulaciones políticas y jurídicas que podrían favorecer electoralmente al peronismo y a Juntos por el Cambio afectando al libertario.

Se trata del intento de adelantar las elecciones en la provincia de Buenos Aires, que interesa a Cristina Kirchner y a sus huestes de la agrupación La Cámpora, incluyendo la elección de los senadores nacionales. La vicepresidenta se aseguraría así de una banca del Senado, y podría competir en la elección presidencial posterior sin los peligros de ser derrotada sin fueros parlamentarios.

Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Qué ganaría Juntos por el Cambio apoyando esta iniciativa, que debería ser aprobada por la Justicia electoral? Eliminaría así el factor Milei, traccionando votos que considera propios. El libertario está concentrado en la elección presidencial y su influencia, hasta ahora, no es transmisible. En definitiva, lo que está claro es que la contorsión política y judicial están en su salsa.

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