La ministra de Economía volvió al país, que sigue envuelto en una espiral de inflación y dólar incontrolable. Su continuidad está en duda ante la posibilidad de una «superestructura». El rol de Massa en el futuro gabinete. A menos de un mes de asumir y tras reunirse con el FMI e inversores, las idas y vueltas incrementan la incertidumbre.

Es probable que el sexto lugar que ocupa Argentina en el mundial de inflación (estamos detrás de Venezuela, Sudán, Zimbabwe, Yemen y Surinam) nos parezca un papelón, teniendo en cuenta que la casi totalidad de naciones, incluidas la de nuestro entorno, han resuelto este flagelo que nos azota cíclicamente.

Desde “la inflación es la demostración de tu incapacidad para gobernar”, frase que inmortalizó Mauricio Macri (el nivel de inflación de su gestión terminó con índices por encima de los que registró el gobierno de Cristina Fernández) hasta “el gobierno de científicos” de Alberto Fernández, que iba a rescatar al país del “desastre de Cambiemos”, la sociedad vive a los saltos y sin un horizonte cierto.

SI de papelones se trata, el mundo nos reconoce por ellos, tanto como por el fútbol o el asado, dos deportes nacionales que son nuestro sello de identidad a lo largo y ancho del planeta. Y seguimos sumando títulos.

Tras la salida intempestuosa de Martín Guzmán del ministerio de Economía, al unísono con el discurso que pronunciaba la mismísima Cristina Fernández en Ensenada comparándolo con el pensamiento del liberal Carlos Melconián, una auténtica comedia de enredos se sucede en el seno del Frente de Todos.

Las pujas internas desataron feroces cuestionamientos, luchas intestinas y una usina de rumores, alimentados por todos los sectores internos de la alianza gobernante. Todos tenían “su” candidato para suceder al joven platense egresado de Harvard.

Este no, este tampoco, este menos. Los apellidos iban derecho al tacho de basura, hasta que apareció el de Batakis, Silvina, con pasado en la gestión sciolista y que logró el consenso -a regañadientes por algunos- para tomar el timón de la Economía argentina.

Los mercados no reaccionaron bien ante la designación de la exfuncionaria bonaerense y el dólar comenzó una escalada imparable, que lo llevó a tocar los $ 338 en su versión blue, el mercado no regulado. 

La realidad marcaba una prioridad: para aquietar las aguas y calmar el estado de locura al que se encaminaba el país, que incluía alarmas de hiperinflación e inestabilidad social, había que viajar a Estados Unidos para llevar tranquilidad al Fondo Monetario Internacional (FMI) y los inversores externos.

Tras un cara a cara con Kristalina Georgieva y su equipo, la hasta hoy ministra se comprometió ante el organismo internacional a respetar los términos de los acuerdos firmados por su antecesor. Además, trazaron una hoja de ruta que incluye reuniones periódicas y la revisión de cumplimiento de los objetivos del segundo trimestre.

Antes del regreso al Sur, y después de verse con inversores internacionales, Batakis fue víctima de lo que ya había experimentado Felipe Solá, cuando se enteró en El Salvador, donde se realizaba la cumbre del Celac, de que dejaba de ser el Canciller de Alberto. 

En las últimas horas, una andanada de rumores puso a la ministra fuera de su cartera a menos de un mes de haber asumido su cargo, aunque algunos insisten en que mantendrá su cargo con una nueva superestructura. A la cabeza estaría el líder del Frente Renovador y una de las tres patas del frente oficialista, Sergio Massa, quien aspira a convertirse en su Súper Ministro con control de Hacienda, Producción y otras áreas vinculadas a los resortes económicos, una jugada que no convencería del todo a la vicepresidenta.

Todo esto con la inflación de julio acercándose a los dos dígitos, el riesgo país por las nubes, el dólar libre (blue o contado con liqui) en cifras récord, la brecha cambiaria ensanchándose cada día más y una sociedad que observa atónita el sainete ministerial.

La puja de poder está instalada, para asombro de propios y extraños. Los primeros, aquellos y aquellas que van al supermercado o la verdulería y ven cómo se desintegra el poder de compra de sus alicaídos salarios; los otros, el mundo que se pregunta qué nos pasa.

El viernes podría ser un día clave, según el propio presidente de la Cámara de Diputados de la Nación. Mañana, dijo, luego de desmentir que vaya a ser el titular de Economía y que nada tuvo que ver con los rumores circulantes, visitará al Presidente y se tomará una decisión. 
La misma podría ser comunicada el sábado o bien, como insisten algunos, el lunes, antes de la apertura de los mercados. Sea cual fuere la decisión, el papelón está servido, y el pueblo argentino, como siempre, se quedará fuera del banquete.

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