En el círculo íntimo del presidente Alberto Fernández comienzan a tejer teorías sobre una alianza entre el dirigente piquetero y el kirchnerismo para debilitar su imagen. Mientras tanto, la UTEP comienza a tomar distancia de Grabois y asegura su apoyo al primer mandatario.

El referente del Frente Patria Grande, Juan Grabois, volvió a arremeter contra Alberto Fernández horas atrás, cuando aseguró que “no hay forma de avanzar en los derechos sociales sin que el presidente esté convencido”. La chicana se suma a la dura advertencia que volcó la semana anterior, cuando aseguró que “hay gente dispuesta a dejar la sangre en la calle”.

Grabois se transformó, en pocas horas, en un inesperado opositor al presidente Fernández y generó un quiebre en la cúpula de los movimientos sociales. En efecto, la mayor parte de los representantes de la Unión Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), aseguraron apoyar al primer mandatario.

La postura de los movimientos sociales en favor de Alberto Fernández no es casual, sino que se consolidó a partir de las críticas vertidas por Cristina Fernández de Kirchner hacia quienes gestionan los planes sociales, y la posterior exigencia de que los mismos sean administrados por los intendentes y gobernadores.

Es este escenario, no son pocos los integrantes del círculo íntimo del presidente que comenzaron a imaginar una avanzada de Grabois contra Alberto Fernández, fogoneada por el kirchnerismo, que pareciera decidido a debilitar la figura del primer mandatario.

Parte de estos miedos tomaron forma en las últimas horas, cuando se conoció una fotografía de la senadora ultrakirchnerista Juliana Di Tullio, compartiendo un café en el bar Tarzán, junto al propio Grabois.

Si bien no se conoce el motivo de la conversación, el encuentro llama poderosamente la atención, quienes comenzaron a atar hilos en torno a la relación entre la senadora y el dirigente social, y la posición crítica de éste respecto al presidente Alberto Fernández.

Entre meriendas y desayunos, la interna del gobierno comienza a virar hacia destinos inesperados. Los movimientos sociales, que hasta el momento descansaban en la comodidad de la administración de la millonaria caja de los planes sociales, comienzan a perfilarse como el premio a disputarse entre albertistas y cristinistas.

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