El índice de este mes se ubicaría cerca del 6 por ciento, por el efecto arrastre que dejó julio. Los precios de la canasta básica se siguen moviendo a un ritmo alto.

La dinámica de los precios de agosto se ubicaría cerca del 6 por ciento, algo por debajo del pico de 7,4 por ciento de julio aunque de todas formas en el podio de los números más altos del año, anticipan consultoras y analistas. Por un lado, se trata de un mes con «menos estacionalidad» que julio, ya que no hay subas asociadas al turismo, cultura y espectáculos por vacaciones de invierno. También moderó la suba el rubro de electrodomésticos y otros importados, que tuvo una fuerte alza en julio. Sin embargo, entre los factores que explican el incremento está el propio efecto arrastre que viene del mes pasado, la suba del transporte en el AMBA y nuevas alzas en prepagas.

El monitor de precios de supermercados que confecciona el CESO midió un alza de precios del 1,9 por ciento la semana pasada y de 7,9 por ciento entre la segunda semana de agosto y la segunda de julio. Alimentos frescos subió un 3 por ciento la semana pasada, mientras que bebidas lo hizo en un 2,9 por ciento y alimentos secos, un 1,8 por ciento. Más específicamente azúcar y edulcorantes subió 6,7 por ciento; lácteos lo hizo en 5,3 por ciento y bebidas sin alcohol, 3,9 por ciento. Fiambres avanzó 3,5 por ciento; salsas, 3,4 y frutas y verduras subió 3,1, al igual que pescados y mariscos.

«Electrodomésticos y otros artículos con componentes importados redujeron su incremento. Pero la canasta básica sigue muy alta. Esta situación es diferente de lo que ocurrió en octubre pasado, cuando en medio de la asunción de Roberto Feletti se produjo un pico de inflación que se moderó relativamente rápido. Lo que estamos evaluando es si estos valores tan altos siguen siendo algo temporal o si quedan incorporados como un nuevo piso de inflación«, explica Nicolás Pertierra, del CESO.

En alimentos y bebidas, el rubro que más peso tiene en el índice al consumidor, la consultora LCG midió en dos semanas un incremento del 2,9 por ciento mensual, lo cual daría en el mes una suba acumulada de 5,9 por ciento. Ese estudio agrega que rubros como infusiones, condimentos y azúcar, miel y cacao presentan subas del 3 por ciento, por encima de verduras (2,1). Casi estables quedaron lácteos y huevos y carnes.

Para Damin Di Pace, de Focus Market, «en alimentos los primeros diez días de agosto la suba es del 1,7 por ciento, frente a un alza del 2 por ciento en ese período de julio. En el caso de bebidas, el incremento ahora es del 1,3, frente al 2,1 de julio. Si proyectamos lo que pasó en lo que va de agosto, el resultado es una suba de entre 6 y 6,5 por ciento en alimentos y bebidas. Hay una inercia inflacionaria muy fuerte».

Como informó, la semana pasada hubo movimiento de listas de grandes empresas, en medio de una posible convocatoria de parte del Gobierno a un acuerdo precios-salarios. Se lanzaron incrementos del 9 por ciento de parte de las empresas Mastellone (La Serenísima), Unilever, Arcor y Molinos; mientras que Mondelez subió un 12 por ciento. En consumo masivo, las grandes firmas suelen marcar la cancha de la dinámica de las góndolas a las chicas, que se suman a los aumentos.

Martín Vauthier, economista de Eco Go, considera que «en el arranque de agosto se observó una continuidad respecto de los aumentos de julio. Ahora hay que ver cómo sigue. Creemos que agosto va a ser un mes de inflación más alta de lo que veníamos viendo hasta junio, que estaba en la línea del 5 por ciento. Agosto probablemente esté por encima de eso». En agosto también impactan en el índice de inflación la suba del boleto de los colectivos y los trenes del AMBA en un 40 por ciento y un nuevo incremento de las cuotas de las prepagas del 11,34 por ciento.

¿Nueva inercia?

La inflación en la economía argentina es un fenómeno que excede largamente la voluntad remarcadora de los formadores de precios. Se trata de una estrategia asentada en todos los agentes de la economía para generar cobertura ante la propia expectativa inflacionaria y de encarecimiento de los tipos de cambios. De hecho, hay analistas que plantean que la economía nacional ya entró decididamente en una dinámica inflacionaria diferente de la que dominó en los últimos quince años. Se trataría de un «régimen de alta inflación».

El régimen de alta inflación se define por un acortamiento de los plazos de referencia y la desaparición de los contratos a mayores plazos. Se trata de un círculo vicioso, porque la expectativa de inflación obliga a los agentes económicos a protegerse lo más posible, lo cual refuerza el componente inflacionario.

Los números de inflación del CESO muestran algo de este fenómeno. Desde la segunda semana de julio, la inflación semanal no baja de la línea del 2 por ciento. Si bien es un plazo todavía corto para emitir un juicio definitivo, se trata de algo que hasta ahora no se había visto en la dinámica de los precios. Por ejemplo, el máximo de mediados de marzo de casi 3 por ciento semanal en medio del estallido de la guerra en Ucrania rápidamente rapidamente volvió a la línea del 1 por ciento. 

La otra seguidilla de aumentos semanales por encima del 2 por ciento se había visto a mediados de agosto de 2019, en plena corrida cambiaria que derivó en la vuelta del «cepo» a la compra de dólares por parte del gobierno de Mauricio Macri.

El «plan»

En este contexto, el Gobierno apuesta por herramientas para reducir la expectativa inflacionaria. Por un lado, la acumulación de dólares en el Banco Central, algo que todavía no pudo lograr el ministro Sergio Massa, ni siquiera revertir la salida de divisas de los primeros días luego de su asunción. Reforzar las reservas en el Central permitiría al Gobierno ganar credibilidad en su discurso acerca de la no devaluación. Aquí talla la negociación con el campo y la búsqueda de créditos.

Complementariamente, la suba de las tasas de interés vuelve más atractivas las colocaciones en pesos, lo cual desincentiva la salida hacia el dólar paralelo. En suma, la reducción de la brecha cambiaria es una de las apuestas oficiales para reducir la nominalidad de la economía, es decir, la dinámica inflacionaria.

Por otro lado, está la estrategia de reforzar el frente fiscal. Esta es otra de las variables que mira «el mercado» en relación a la fortaleza del sector público y además impacta sobre los pesos disponibles que eventualmente se pueden ir a dólares. Sin embargo, la principal vía para mejorar las finanzas públicas es la quita de subsidios, que impacta en el índice de inflación al alza. Asimismo, el «ajuste» es recesivo, lo cual, aunque no lo admitan en el Gobierno, se vuelve un objetivo para moderar la salida de dólares por importaciones.

También hay un componente temporal que en el Gobierno esperan que pueda jugar a favor. La salida del invierno reduce la necesidad de importaciones energéticas y con ello podría mejorar la captación de divisas por parte del Banco Central.

El economista Rodrigo Alvarez considera que «en la medida en que no se empiecen a acumular reservas y no se despeje ese frente de incertidumbre, las expectativas de devaluación se van a mantener altas y eso lógicamente potencia las presiones inflacionarias. Se necesita un cambio de tendencia. El Gobierno busca ganar tiempo hasta que los impactos del salto del blue en julio y la turbulencia alrededor de los cambios en el equipo económico se empiecen a diluir y ahí tal vez un aumento del tipo de cambio oficial impacte sobre una base de inflación algo más baja».

En tanto, Vauthier plantea que «para poder moderar la inflación, será importante que la nueva administración avance sobre medidas concretas en el frente fiscal, con anuncios con más detalles, números más claros. Creo que la suba de tasas de la última semana, ubicándola por encima del ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial, fue una señal positiva».

Top 10 de aumentos

La entidad de consumidores Deuco, que dirige Pedro Bussetti, elaboró un informe con los precios de los alimentos que subieron en lo que va del año bien por encima del promedio de la economía. En siete meses, la lechuga subió 225 por ciento, de 151 a 493 pesos el kilo, mientras que el azúcar lo hizo en un 112 por ciento. 

Los huevos de gallina avanzaron un 91 por ciento y el café molido, un 80 por ciento. La harina de trigo subió 80 por ciento, seguido de los fideos secos (77,9 por ciento), la papa (70,0), hamburguesas (69,2), filet de merluza (65,9) y pan de mesa (65,4).

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