Hasta no hace mucho tiempo, desde el Frente de Todos se ponían muchas fichas en Javier Milei, en el convencimiento de que el histriónico economista succionaba votos de Juntos por el Cambio, sobre todo en la provincia de Buenos Aires.

Sin embargo, como siempre el gobierno había equivocado su diagnóstico, ya que no sólo desde Juntos por el Cambio, sino también ahora los barones del conurbando, reciben cada vez más señales de alarma de sus operadores territoriales sobre la constante pérdida de votos entre los jóvenes de barrios humildes. Su base electoral se está pulverizando y el principal beneficiario es, precisamente, Javier Milei.

La bronca, la desilusión y el incremento constante de la marginalidad le pasan así factura a la dirigencia política en general. “Para los pibes no hay diferencia entre Cristina y Macri”, aseguran los punteros peronistas. “Estaban mal con Cambiemos, y están peor ahora”.

“Lo que es peor es que a la dirigencia política parece no importarle. Siguen mirándose el ombligo y discutiendo temas que sólo les interesan a ellos”, explica, con hastío, un tradicional dirigente barrial de conurbano oeste.

“Parece increíble pero en las barriadas más humildes donde más votos tenemos entre los adultos, sus hijos se están inclinando masivamente por Milei como herramienta de protesta por su escepticismo y disconformidad con nosotros”, confirma, resignado, un operador territorial de la tercera sección electoral. “Les avisamos (a sus referentes) pero no nos dan bola”. Y remata: “Si este comportamiento se transforma en tendencia que el año que viene le cuide los votos magoya”.

Hasta ahora, la orden era tratar con benevolencia a los libertarios. “Nuestra intención era cuidarle los votos, como hicimos con Espert (José Luis) el año pasado, incluso hasta le pusimos referentes nuestros en las listas de concejales”. Sin embargo, ahora la orden que se bajó es muy diferente: “Ahora a cara de perro con Milei”. Pero, tal vez, ya sea demasiado tarde para revertir la situación. 

La preocupación no sólo afecta al oficialismo. Desde hace tiempo la coalición opositora discute qué hacer con Milei, pero no consigue elaborar una estrategia efectiva. “En las recorridas que venimos haciendo por varios municipios notamos que crece el malestar contra el kirchnerismo pero los decepcionados no se vienen a Juntos, se los lleva Milei”, reconoce un precandidato del Pro a intendente en un distrito de la zona sur. 

“Muchos de esos jóvenes venían votando a Cristina y no se van a pasar directamente a nosotros”, explica. Y admite con cierta desilusión que “para los que se han caído del sistema, o están a punto de hacerlo, el gobierno y nosotros somos lo mismo”. La única esperanza de oficialismo y oposición pasa por el mismo interrogante: ¿La Libertad Avanza está en condiciones de fiscalizar distritos “calientes” del conurbano, a los que nunca pudo domesticar JxC?.

Carlos Kikuchi, ex vocero de Domingo Cavallo devenido en jefe de campaña de La Libertad Avanza por decisión de la gurú Karina Milei Sebastián Pareja, el armador en la provincia de Buenos Aires, tienen una hoja de ruta bien definida. “Primero tenemos que seguir consolidando referentes en todos los distritos bonaerenses para poder armar las listas locales y seccionales, luego vendrá el trabajo de generar una épica para poder tener la mayor cantidad de fiscales”.

Mientras tanto, su principal objetivo consiste en seguir sumando a decepcionados y enojados con las dos coaliciones más importanes.  “Es lógico que a Javier le esté yendo muy bien en los barrios peronistas del Gran Buenos Aires, si el año pasado en CABA las mejores performances las hizo en el sur”, precisa un referente de Juntos por el Cambio.  

Kikuchi Pareja han diseñado un esquema de “visitas sorpresas” de Milei por distintos distritos del conurbano, para “evitar provocaciones del kirchnerismo”. Además, así el contacto con la gente es mucho más espontáneo. Se organizan caminatas en zonas donde reside gente muy humilde, replicando el esquema del año pasado en la Villa 31, Villa Soldati o Villa Lugano. 

Un encuestador que habitualmente es contratado por el Pro afirma que “Milei ya tiene un piso electoral consolidado que incluso se mantuvo en su peor momento luego de sus declaraciones pocos felices. Hizo una pausa, volvió solo a hablar de economía y contra la casta. Así lentamente volvió a recuperar a su votante blando”. Y concluye afirmando que el economista libertario “pesca en varias peceras, el perfil sus eventuales votantes es bastante heterogéneo en edad y nivel socioeconómico, más allá de que su fuerte sigue estando entre los jóvenes”.

Desde hace tiempo, Javier Milei se ha convertido en una amenaza para la cual la política tradicional no ha conseguido encontrar respuestas. La mayoría esperaba que se tratara de un fenómeno pasajero, que se iría diluyendo con el tiempo. Pero el problema es que las causas que permitieron su crecimiento lejos de desactivarse, se profundizan. Y ahora deben admitir, con preocupación, que el “fenómeno Milei” llegó para quedarse en la política argentina.

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