Desde la aprobación del acuerdo con el FMI, La Cámpora ha venido tomando distancias del gobierno nacional, hasta convertirse en oposición frontal y destructiva.

Mientras que Cristina morigera sus críticas y evita nombrar al presidente y a los ministros del albertismo al momento de señalar las diferencias, le cabe a la organización estrella del cristinismo la tarea de deteriorar al gobierno nacional. Juegan en tándem un juego peligroso, ya que podrían quedar presos de la marea en medio del naufragio que impulsan sin pausa.

Cuando el jueves pasado Cristina se refirió a la problemática de la inseguridad, el que salió a responder, en duros términos, fue Aníbal Fernández. Pero sus dardos tenían como blanco también a Sergio Berni. El ministro de Seguridad provincial se hizo el distraído y celebró las palabras de la vicepresidenta: “Son música para mis oídos”. Pocos entendieron en ese momento que sus palabras estaban teñidas por la ironía.

A partir de entonces comenzó la operación política de desgaste de Berni, que consistió en instalar la idea de que sus horas estaban contadas y que sería sucedido por el ministro de Justicia provincial, Julio Alak, que así concentraría ambas carteras. También se anunciaron cambios en la cúpula de la bonaerense y hasta los nombres de los nuevos colaboradores de Alak.

Esa operación, sostenida tanto por La Cámpora como por los intendentes, fue replicada al otro lado de la grieta por Jorge Lanata, quien difundió un informe sobre el presunto incremento del patrimonio de Berni durante su presente gestión, e instó a procesarlo por corrupción.

Los extremos muchas veces coinciden. Para Lanata se trataría de un nuevo episodio de corrupción K. Para La Cámpora y los intendentes, del recambio de un funcionario incómodo, que los excluye de toda decisión que adopta, y que viene generando desde hace rato reclamos cada vez más insistentes de los alcaldes a Cristina por la que juzgan como una gestión cuestionable.

Después de reunirse con algunos de ellos, la vicepresidenta le soltó la mano en el acto del día de la Militancia. Pero había un trasfondo que permaneció oculto, ya que, tal como afirma un experimentado dirigente peronista bonaerense, “si después de tres años de gobierno Cristina cree que la política de seguridad pasa por poner más gendarmes en el conurbano, estamos en problemas”.

Paradójicamente, ya que no lo eligió, sino que le fue impuesto, Axel Kicillof se convirtió en el principal sostén de Berni. Los une el espanto y no el amor. Ambos tienen en claro que la operación para forzar la caída del ministro de Seguridad no termina en él, sino que apunta más arriba, ya que tanto La Cámpora como los intendentes apuestan a la caída de Berni para terminar de vaciar de poder al gobernador, que ya sufrió una intervención de su gobierno después de la derrota electoral de 2021.

Advertida del fin último de la movida conjunta, Cristina parece haber revisado su posición sobre el ministro de Seguridad, no por él sino ante la necesidad de sostener a Axel. No quiere entregarle la provincia a Máximo y a los intendentes, ya que la considera como propia, y Axel es el único suficientemente débil y sin estructura que le garantiza una dependencia total.

Los próximos días serán decisivos para definir esta cuestión, en la que se juega la distribución del poder provincial entre el cristinismo y el PJ en la previa a la confección de las listas electorales para el año próximo. 

Tras la alarma inicial, Sergio Berni respira con mayor tranquilidad. Sabe que resulta indispensable para mantener el equilibrio de poder y, en caso de que la marea baje, podrá concretar su idea original de dar el portazo cuando él decida lanzarse de pleno a la construcción de su candidatura a gobernador para 2023. Algo que todos saben y que no es un dato menor al momento de poner en cuestión su desempeño.

Entrada anterior Impronta de la selva: Agua de las Misiones presentó sus nuevas etiquetasv
Entrada siguiente Gasoducto Néstor Kirchner: cómo funciona el robot que realiza soldaduras automáticas y acelera los tiempos de construcción