Se trata de algo así como un pase sanitario frente al virus de la corrupción

Sí, se hizo justicia. ¿Por qué? Porque un Tribunal competente dictó sentencia en la causa de conformidad con las leyes vigentes y la Constitución Nacional. En un estado de derecho estas son las reglas que aplican para todos los ciudadanos. De aquí en más seguramente los fiscales apelen la absolución por asociación ilícita y la defensa de la ahora condenada Vicepresidenta de la Nación hará lo propio por la condena.

¿Cómo sigue? La Cámara de Casación primero y la Corte Suprema de Justicia de la Nación después, tendrán la palabra definitiva, adquiriendo ese fallo el estatus jurídico de “cosa juzgada”. La sentencia que se dio a conocer impuso una condena a seis años de prisión e inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos. Desde el análisis legal objetivo de las constancias de la causa es posible afirmar que sintetiza las más de 600 horas que duró el juicio.

Las 150 declaraciones de testigos y el centenar de pericias que se produjeron. Los fundamentos que dan sustento jurídico a la condena lo conoceremos entre febrero y marzo de 2023. En todas sus declaraciones, incluida la de este martes, la ahora condenada por el delito de defraudación al estado, Cristina Kirchner no pudo (no supo o no quiso) explicar el terrible y exponencial crecimiento patrimonial que tuvo Lázaro Báez entre 2003 y 2015.

Esa carencia sustenta, en gran medida, su condena. El descargo de la Vicepresidenta, que dio a conocer por las redes sociales minutos después de que tomara estado público su condena, tan previsible como repetitivo en sus argumentos, nos hizo pasar directamente de los sótanos de la democracia a las cloacas. Cristina se mostró dispuesta a romper todo lo que se interponga en su camino, y el Poder Judicial está justo en el medio.

Si los seres humanos (todos) tenemos una tendencia natural a las teorías conspirativas, en Cristina Kirchner es aún más fuerte. Como sociedad nos debemos el respecto a la ley por sobre todas las cosas, y las sentencias judiciales al ser dictadas se convierten en leyes individuales para los ciudadanos alcanzados por ella. La Vicepresidenta puede no estar de acuerdo, pero en modo alguno puede arrasar con la institucionalidad de nuestra nación.

Es un precio demasiado alto para el resto de los ciudadanos. Hacerse eco de una operación de inteligencia clandestina para defenderse nos deja a todos con un peor país. Más tóxico, más invivible, en el cual seguramente pasen años para que vengan inversiones extranjeras a un país tan complejo y difícil como el nuestro. Es normal que las sentencias judiciales despierten amores y odios por igual.

Para quienes transitan los pasillos de tribunales desde hace décadas, resulta habitual escuchar todo tipo de comentarios (a favor y en contra) una vez que un fallo judicial es dictado. En muchos casos no deja contenta a ninguna de las partes, y en otros solo a una. Muy pocos, contados con los dedos de las manos, aceptan estoicamente las resoluciones judiciales. Los jueces lo saben y conocen que es parte de su trabajo.

El Tribunal que condenó a Cristina Kirchner está compuesto por tres miembros intachables. Hicieron lo que tenían que hacer y fallaron según sus propias convicciones. Debieron soportar (y seguirán padeciendo) todo tipo de presiones. Cumplieron con su trabajo. Se hizo justicia, por más que se intente ahora degradarla hasta las cloacas mismas de nuestra democracia. Cristina Kirchner es experta en el arte de construir un relato que se adecue a sus necesidades de turno.

La victimización es ahora su nuevo salvoconducto social, algo así como un pase sanitario frente al virus de la corrupción. Capaz de sostener cualquier tipo de argumento, la mujer más poderosa de nuestra Nación pasó la primera noche de su vida como “condenada por actos de corrupción contra el estado”. Si efectivamente cumple su palabra y no va a ser candidata a ningún cargo en el próximo turno electoral, o no, es harina de otro costal.

El pasado martes la Justicia nos demostró que sí funciona y eso precisamente es un mérito de la vida en democracia y del valor de las instituciones, a la vez que se constituye un llamado de atención para la dirigencia política toda, porque lamentablemente la política se convirtió en el lugar donde lo bueno y lo malo es lo mismo. Deseamos que eso a partir de hoy comience a cambiar.

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