Por Nehuén Fariña, Consultor en estrategia y comunicación.

Con la oficialización del decreto provincial que establece la elección a gobernador y diputados provinciales para el 7 de mayo de 2023, el gobierno provincial decreta algo más que sólo una fecha. Es la confirmación de un modelo, electoral y gubernamental, anclado fundamentalmente en la diferencia entre las percepciones en la valoración de obras públicas, valoración de funcionarios actuales y sensación de futuro que se dan en lo “provincial” por un lado y en lo “nacional por el otro”.

Primera parte: Alto nivel de rechazo a nivel nacional, el punto en común

Como se desprende del informe de la consultora Isonomía del mes de diciembre, la gestión de Alberto Fernández tiene un nivel de rechazo exageradamente alto entre los misioneros. Más del 70% de los encuestados desaprueba, en parte o totalmente, la gestión del actual presidente de la nación. Un ancla en términos electorales que puede arrastrar, en más de un distrito, a candidatos locales y provinciales si son percibidos como “cercanos” al gobierno nacional. Este es el primer punto de consenso entre los distintos espacios que existen en Misiones, la crítica hacia lo nacional.

La separación explícita (Juntos por el Cambio) o implícita (Renovación / Pays), divide fronteras y ordena discursos. Los primeros con una confrontación explícita, buscando la polarización a través de la nacionalización de temas de coyuntura provincial; y los segundos con una excesiva discursividad de lo provincial como eje proyectado hacia lo nacional. Los primeros buscan que Misiones se parezca más a la Argentina, los segundos que Argentina se parezca más a Misiones.

Segunda parte: Misiones de los Misioneros, lo provincial como eje

Uno de los datos más contundentes del informe es la evaluación de la gestión provincial, tanto hacia atrás como para hacia adelante. El 67% están conformes o les gusta lo que han visto en el último tiempo por parte del gobierno provincial, contra un 26% que cree que la situación se encuentra “peor o igual de mal.” En el diálogo de estos dos datos (imagen nacional y provincial) se encuentra el corazón de la regla de desdoble electoral en Misiones.

La discusión nacional tiene modismos propios de los medios porteños que lo provincial ignora: polarización, confrontación explícita, enunciación programática (evaluación constante de políticas públicas), intervención de múltiples líneas editoriales, tensiones coalicionales, etc. El tono de comunicación en la provincia de Misiones suele ser monocorde, con leves matices de cambio y continuidad concentrados (muchas veces) en el mismo espacio oficialista.  

Por ejemplo, si pensamos en Franco, Losada y Stelatto, los últimos tres intendentes de la Ciudad de Posadas, cada uno posee características unívocas respecto a perfiles de gestión, orígenes partidarios y estilos comunicacionales. Nadie dudaría que son opciones diametralmente distintas, que sin embargo, han competido dentro del mismo espacio por el municipio más grande de la provincia.

La centralidad política, entendida como altos márgenes de credibilidad, confianza y valoración positiva en desmedro de otras opciones políticas, permite a La Renovación seguir ordenando su oferta electoral para representar mejor al “cambio” y a la “continuidad”.  La pregunta que vale la pena hacerse es si esto es mérito propio de una conducción política con constante oxigenación o una muestra de la incapacidad de otros espacios para generar confianza y credibilidad para con los misioneros.

Tercera parte: Trabajo, trabajo y trabajo

Los primeros tres problemas que más interesan al misionero son económicos. El primero más crudo como lo es el desempleo y la falta de ingresos para “llegar a fin de mes”. En conjunto un problema que aqueja a los argentinos desde que el mundo es mundo, como lo es la inflación y la desigualdad. La discusión de la campaña electoral que se avecina muy probablemente pase por lo económico, esto no es una novedad.

Lo que sí será una gran incógnita es como los candidatos provinciales y locales se paran ante fenómenos que son intrínsecamente nacionales (como lo son la inflación y la pobreza) sin referencias muy claras en cuanto a los planes económicos de las principales fuerzas que apuestan a gobernar el país en 2023.

Cuarta parte: La lucha de los egos

A nivel nacional los alfiles de Juntos por el Cambio se encuentran mejor posicionados que las figuras del Frente de Todos. Patricia Bullrich lidera el ranking de los funcionarios nacionales con un diferencial de imagen de +28, y la siguen María Eugenia Vidal con +23 y Horacio Rodríguez Larreta con +20.

A nivel provincial, la discusión nuevamente se vuelve otra. La instalación de figuras como el actual candidato a gobernador renovador Hugo Passalaqcua y el actual gobernador Oscar Herrera son abrumadoras. Son figuras transversales que construyen afinidad con electorados de los más diversos, trascendiendo las fronteras partidarias. Lo que el sello no logra, lo aportan sus figuras políticas.

Del lado de la oposición, el podio está conformado por tres nombres. Pedro Puerta, Martín Arjol y Pepe Pianesi. El joven Pedro Puerta se encuentra un escalón más arriba que el resto gracias a sus mayores niveles de conocimiento e instalación (49%), seguido de cerca por las dos principales figuras radicales.

Sin embargo, y a pocos meses de las elecciones, resulta raro ver que contendientes directos a la gobernación por parte de la oposición cuentan con con más del 50% de desconocimiento entre las personas que contestaron a esta encuesta. Para ponerlo en números simples, 1 de cada 2 misioneros no conoce a Martín Arjol o Pepe Pianesi, por lo que 1 de cada 2 misioneros no está ni siquiera en condiciones de votarlos (no se puede votar lo que no se conoce).

Quinta parte: ¿Más cambio o más continuidad? Cuidado con Milei

La potencia electoral de los candidatos Renovadores es importante en términos personales partiendo de una diferencia de 15 puntos entre los actuales (posibles) candidatos como Hugo Passalaqcua y Martín Arjol. Casi una sentencia definitiva.

Las chances electorales de la Renovación, hablando desde la opinión pública, están concentradas o tienen que ver más con los niveles de aprobación muy altos de sus figuras, más que con los de su espacio en particular. Intentan cargar sobre Passalaqcua, un componente de cambio y evolución perpetua, que haga olvidar (al menos en parte) la cantidad de años seguidos en el poder.

Pero si de las tendencias de la híper personalización hablamos, entendidas como los procesos que tienden a resaltar y atribuir las características de determinados individuos a organizaciones o sistemas sociales, aparece un fenómeno nuevo en la política nacional y ahora provincial: Javier Milei. Un outsider o como uno de los más experimentados encuestadores de la Argentina lo llama “el hijo no reconocido de la política argentina”; Milei reversiona contenidos añejos para la sociedad argentina como la dolarización, la desregulación del mercado laboral y el populismo anti elitista con tonos y estilos atractivos propios del nuevo ecosistema digital. Dónde a través de un discurso eminentemente económico y crítico con el sistema político, ha sabido capitalizar los sentimientos de descrédito hacia la política y cautivar a los jóvenes menores de treinta años.

Y, al contrario de lo que muchos consultores y analistas presagiaban, su composición en términos de votantes nunca se explicó por el clivaje de derechas e izquierdas (rebatiendo la hipótesis de un eventual corrimiento a la derecha del votante de Juntos por el Cambio), sino que se construyó de manera transversal tomando casi de manera equitativa votantes independientes, de juntos por el cambio y del frente de todos. La tercera vía del descontento.

Para completar su perfil, su vehemencia y estilos característicos se chocan con su poca experiencia en la generación de acuerdos políticos operantes. La pregunta de ¿Milei puede entrar en un eventual balotaje? Deja de sonar tan descabellada para dar lugar a la pregunta de, ¿Cómo gobernaría Milei en caso de ganar? ¿Qué políticas aplicaría? ¿Con el apoyo de quién? ¿Y cuánto duraría en el cargo?, entre otras. Sin embargo, el escenario hoy es más incierto. Si el liberalismo quisiera presentar un candidato a gobernador en Misiones, sin la necesidad de acuerdos laterales, estaría en condiciones de arrebatarle el segundo lugar a la coalición de Juntos por el Cambio.

Un hipotético candidato liberal podría estar más cerca (18%) de la Renovación que otros personajes y partidos más establecidos. Las interpretaciones nunca son lineales, y pueden leerse al derecho y al revés. Pero los datos sirven para hacerse preguntas,: ¿En el posible voto de Milei está la fórmula para “acercarse” a lo que hoy parece un candidato imbatible? ¿Los jóvenes son un segmento clave? ¿Es Milei en Juntos por el Cambio o Juntos por el Cambio acercándose a Milei?

Epílogo: Como repaso…

1. El alto nivel de rechazo del gobierno nacional, genera consenso tanto en la oposición como en el oficialismo provincial. Unos confrontan de manera explícita, otros de manera implícita.

2. Los niveles de gestión y aprobación de las figuras renovadoras es alto. Esto ayuda a que puedan plantearse como el cambio y la continuidad. El objetivo de campaña renovadora es transformar la imagen positiva en intención de voto.

3. El tema de la campaña va a girar en torno al salario y el nivel de vida.

4. De un lado Passalaqcua, Oscar Herrera, Lalo Stelatto en ese orden. Del otro lado, Pedro Puerta, Martín Arjol y Pepe Pianesi. También en ese orden.

5. Javier Milei es más tono que contenido. Se proyecta desde lo nacional, pero con potencialidad provincial. Una gran incógnita.

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